Postal desde Huixtán

Ilustración: Gabriela Soriano.

Micaela Bolom Huet es como me llamo. Vivo en Huixtán, Chiapas, México. Tengo 10 años.

Todos los días me levanto a las seis de la mañana para llevar mi nixtamal al molino. Si llego más tarde hay una gran cola, y aunque me gusta porque jugamos canicas o trompo mientras esperamos el turno pa moler, mi mamá me regaña porque dilato y debo ir a la escuela.

Cuando regreso a la casa, el comal ya está listo para tortear. Entonces me siento a esperar la primera tortilla.

Me gusta ver cómo sube su pancita cuando mi mamá le aprieta en el mero ombligo a la masa. Mi mamá me da la primera que sale, hecha una dobladita con sal, y me la como con café.

Lo que más me gusta es jugar con mis primas en el zanjón. Es como zanja, pero más grande y pasa un arroyo en medio. Ahí crecen unos guineos color anaranjado. Tienen pepitas como de anona. Ya sé que los guineos no tienen semilla, pero en Huixtán sí tienen. Cortamos bastante y comemos juntas.

En ese zanjón también hay unas pozas muy bonitas donde nos bañamos cuando hace calor. Las pozas están en la sombra y sobre ellas cuelgan unas flores moradas que llamamos xicotzotz, pero también la conocen como passiflora.

Dice mi abuela que esas flores sirven para encontrar los amores de grande. ¡Pero eso ni me interesa a mí! Aunque sí he visto muchachas que van a llorar a esa flor, como mi prima Rosa cuando Manuel se fue al otro lado.

Cuando mi mamá me regaña muy fuerte, también corro al zanjón. Ahí nadie me encuentra. Mientras pasa su cólico, yo quedo allá. Me como un guineito con pepita, naranjas agrias, anonas, y luego salgo.