Perdidos en el espacio

El mes de marzo me agrada porque acontece algo llamado Equinoccio*: el día y la noche duran lo mismo, y es, además, el inicio de la primavera (en el hemisferio norte).

A mí me encanta dormir (¿a quién no?). Pero en esa fecha, libreta y lápiz en mano, estoy pendiente de cuándo se oculta el sol, anoto la hora y luego me duermo. Despierto después para verlo aparecer de nuevo sobre el horizonte, y de nuevo: anoto la hora. ¿Cuántas horas transcurrieron? ¡Hazlo tú también, y sabrás!

En la segunda y tercera semanas de marzo puedes observar cómo la luna se pone poco a poco regrandota, como una pelotota que alumbra el callejón**. Estoy seguro de que has visto muchas veces a la luna, pero, ¿cuántas veces has intentado dibujarla? Un niño de nombre Galileo la dibujó muchas veces en sus diferentes fases, y dedujo que en la luna habían montañas gigantescas, más grandes que las existentes en la Tierra, además de cráteres gigantescos y valles kilométricos. El niño Galileo realizó esos dibujos ¡hace más de cuatrocientos años!

Este marzo te invitamos que mires a la luna y la dibujes. ¿Quién dice que no se puede tener la luna al alcance de las manos? Yo haré mis dibujos y te los enseñaré, si tú me enseñas los tuyos.

Sin más, me despido de vos… por mejores cielos.

—Por Hugo Montaño, detective cósmico.