¡Mira cómo tiemblo!

En México, se ha popularizado el mito de que septiembre es “el mes de los temblores”. Eso ocurre, quizá, porque tenemos en la memoria algunos terremotos recientes (en 1985 y 2017). Dos de ellos, además, sucedieron el mismo día: 19 de septiembre. Pero eso fue una casualidad.

El Servicio Sismológico Nacional, de la UNAM, explica que:

“No existe, hasta hoy, ninguna tecnología o método para predecir los sismos”.

Pero lo que sí se sabe, con total certeza, es que ha temblado siempre y que seguirá temblando, en cualquier época del año. Por eso, lo mejor es comprender el fenómeno natural y prepararnos.

Todas las familias contamos con una mochila de emergencia a la mano, ¿verdad? Ilustración: Gabriela Soriano.

¡Construyamos un sismógrafo!

México es un país donde se unen varias placas tectónicas del planeta. Gracias a eso, en parte, tenemos una gran diversidad de ecosistemas, pues el movimiento de esas placas ha moldeado las montañas, cañones y otras formaciones y hábitats naturales de nuestra geografía.

Esas placas de roca bajo tus pies se mueven bastante, aunque casi siempre de forma tan imperceptible que ni siquiera lo sientes. Otras veces sí y, si el movimiento es muy fuerte, puede incluso afectar de alguna manera tu vida cotidiana.

Como ves, el problema no son esos movimientos de la tierra (que ocurren constantemente), sino la intensidad que alcanzan algunas veces.

Así que en vez de tener miedo a este fenómeno natural, quizá lo mejor sea acercarnos a él, comprenderlo y familiarizarnos. Por eso diseñé un sismógrafo casero (en realidad, un audiógrafo), que puedes construir con materiales sencillos de conseguir.

Te invito a construirlo. Con él, podrás detectar sismos, aunque se originen a cientos de kilómetros del lugar donde vives.

Materiales

Ilustración: Emilio Ruiz.

Además, necesitarás las siguientes herramientas:

¡Manos a la obra!

  1. Con unos guantes o un trapo, sujeta la cabeza del tornillo y calienta la punta con cerillos o encendedor. Pon mucha atención para no quemarte. Cuando esté caliente, haz dos agujeros en el vaso: uno en la base y otro en el costado (unos 5 centímetros antes de la boca del vaso). Así:

Ilustración Emilio Ruiz.

  1. Dobla la hoja de papel aluminio a lo largo por la mitad. Usa la tijera para hacer un agujerito en un extremo. Mete ahí un tornillo.

  1. Mete el tornillo por la boca del vaso, de modo que la punta salga por el agujerito que abriste antes en el fondo. Coloca la tuerca en el tornillo y aprieta un poco. Es importante que el papel aluminio haga contacto con el tornillo.

  1. Corta un poco el papel aluminio, si quedó un poco largo para el vaso. En el extremo donde cortaste, pega el par de clips con la cinta adhesiva. (Tal vez este paso se pudo hacer antes, ¡ups!). Asegúrate que la tira de papel aluminio se mueva como un columpio dentro del vaso, sin nada que la obstruya.

  1. Coloca su tuerca al otro tornillo, más o menos a la mitad. Inserta el tornillo en el orificio del costado del vaso. Sostén la tuerca y aplícale silicón alrededor. Importante: debes poder enroscar y desenroscar el tornillo libremente.

Enrosca el tornillo hasta que toque el papel aluminio. Si el tornillo no alcanza a tocarlo, ajusta un poco la posición del papel aluminio, desatornillando el tornillo superior y volviéndolo a fijar.

  1. Realiza la conexión eléctrica así:

Si el tornillo del costado está tocando el papel aluminio, sonará el zumbador en cuanto conectes la batería.

¡LISTO! ¡Has construido un sismógrafo casero!

Ahora, sólo necesitas ajustarlo un poquitín para que no suene todo el tiempo (y enloquezca a tu familia y te regañen y te manden con la ciencia a otra parte), sino solamente cuando registre un temblor.

Ajuste e instalación

Lo que vamos hacer a continuación es buscar un lugar en casa donde puedas instalarlo. Debe ser un espacio tranquilo, donde no llegue el gato ni le pasen muy seguido el trapo.

¿Ya encontraste un sitio adecuado? Bien. Pon ahí tu sismógrafo y ajusta su sensibilidad.

Si queda sonando cuando lo conectes a la batería, retira poco a poco el tornillo del costado. Desenrosca muuuuy lento. Hasta que apenas deje de sonar.

Si ocurre lo contrario (que no suena nunca), hazlo al revés: enrosca poco a poco el tornillo, hasta que apenas suene. Si queda sonando y no se detiene, pues desenrosca un poquito más y listo.

Funcionamiento

El sismógrafo casero utiliza la fuerza de gravedad para funcionar.

Si hay un movimiento telúrico, el papel aluminio se columpiará, gracias a la inercia que ejercerán los clips. Al columpiarse, el papel aluminio chocará con el tornillo. Éste, a su vez, servirá de puente para el flujo de corriente eléctrica de la pila, que llegará hasta al zumbador. ¡TZZZZZ!

Si el zumbador emite pitidos, sabrás que en ese momento está ocurriendo un temblor. Conserva la calma. No te alarmes. A veces escucharás el sismógrafo, pero no sentirás nada. Es normal. Seguramente, se trata de un temblor menor a 4 grados Ritchter (que es el nombre de la medida). O sea, es un sismo tan bajito que casi no lo sientes, a menos que pongas muchísima atención.

Experimento

Cuando escuches el sismógrafo, apunta en alguna libreta el día y hora en que escuchaste el sonido. Luego, visita el sitio web del Servicio Sismológico Nacional (SSN):

http://www.ssn.unam.mx/

Averigua ahí si el sismo que detectaste coincide con alguno de los que el SSN registra (todo el tiempo), o sólo registraste el paso de un camión en la calle.

Te sorprenderá la sensibilidad de tu sismógrafo. En mi caso, he captado movimientos telúricos que han ocurrido en la Ciudad de México, a más de 700 kilómetros de distancia de mi casa.

Y ya para despedirme, te comparto un video que hice de cómo funciona mi sismógrafo:

https://www.emilio.com.mx/videos/sismografo-casero.mp4