Bichos ¡en la cabeza!

Había una vez, hace más o menos 40 años, en una escuela primaria de un pueblito de Francia, un maestro que también era entomólogo. Cada día, cuando llegaba al salón de clases, sorprendía a sus alumnos con alguna historia sobre escarabajos, arañas, mosquitos y toda clase de bichos interesantes. Les platicaba cómo y dónde vivían, qué comían, cuántas patitas tenían, cuántas alas, cuántos ojos, cómo serían por dentro y por fuera, si peludos o brillantes, si venenosos o inocuos, cuánto tiempo vivirían aquellos seres fascinantes.

Sus pláticas eran tan entretenidas, que logró que los bichitos hicieran nido en el alma curiosa de sus alumnos, quienes, junto a él, crearon un Club de Ciencias Naturales para atrapar insectos, guardarlos y dibujarlos.

A al menos uno de esos estudiantes, que en ese entonces tenía 10 años, las patitas de los insectos no dejaron de hacerle cosquillas en la cabeza durante todo ese tiempo. Ya adulto, Edouard (que así se llamaba el niño) se convirtió en escultor. ¡Un escultor insectófilo!

Para hacer sus esculturas, Edouard utiliza materiales reciclados que encuentra, aquí y allá. Pero no creas que usa cualquier cosa que encuentra. A veces incluso, debe caminar cientos de kilómetros para encontrar una sola pequeña pieza que logre el efecto y la emoción que quiere transmitir. Y que según él, es la misma que ponía aquel maestro cada vez que le hablaba de insectos, cuando era niño.

Yo me pregunto, ¿qué habría esculpido Edouard de no haber conocido a su maestro entomólogo? ¿Qué le habría hecho cosquillas en el corazón, si no las patitas de algún bicho?

Si quieres conocer más de Edouard Martinet y de la historia con su maestro, puedes ver este video: